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“Dejarlo para mañana”, “empezar un poco más tarde” o “hacerlo en otro momento con más tranquilidad”, son frases y decisiones que abren la puerta de la postergación, la procrastinación, el aplazamiento, la distracción, el fracaso, la culpa y muchas adicciones.
Cada postergación resta en tu autoestima, por una doble razón primero porque el mensaje de fondo que te das es “yo no puedo ahora”, cuando sí puedes. Y segundo, porque cuando postergas y no lo haces en ese momento, ni mañana, ni pasado mañana, y solo cuando la urgencia o lo inevitable afloran te pones en marcha, el riesgo de error se dispara y la actividad, sea la que sea, se convierte en algo muy desagradable...