Si anhelamos vivir vidas puras, no podemos permitir que nos desviemos ni tan
siquiera por un solo segundo de la incesante búsqueda por lo que es recto y justo.
Una anécdota sacada de la vida del rey David, nos sirve como muestra de lo peligroso
que puede resultar tal desvío. Hay pocas historias en la Biblia que me llenan de tanto
temor, como la historia de la caída del pecado de Davis con Betsabé. Si un hombre
justo como lo era David puede caer en adulterio y asesinato ¿entonces quien sobre la
tierra está plenamente libre de tentación?