Quizá hay un recuerdo en particular que te asedia constantemente, un
recuerdo que te hace sentir indigno del amor y el perdón de Dios. No permitas
que el pasado te destruya. Olvídalo. No contemples más ese pensamiento u
otros similares. Si te has arrepentido de cada uno de esos comportamientos,
Dios ha prometido que jamás se acordará de ellos. Sigue adelante. Ante ti se
encuentra toda una vida de pureza.