No améis al mundo, ni las cosas que están en
el mundo. Si algún ama al mundo, el amor del
Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay
en el mundo, los deseos de la carne, los
deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida,
no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el
mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la
voluntad de Dios permanece para siempre.