Un espejo revela la verdadera naturaleza de una persona. Al mirarse al espejo se puede ver claramente las imperfecciones y defectos. De igual manera, la Palabra de Dios es un espejo que puede exponer lo más profundo de nuestras vidas, nuestras luchas, nuestras debilidades y defectos. Como cuestión de hecho, el Apóstol Pablo expresa en varias ocasiones su lucha interior entre el deseo de agradar a Dios y la realidad de su naturaleza pecaminosa. En el mensaje de hoy trataremos con Romanos 7:7-25, en donde se revela como la ley, aunque buena y santa, al igual que el espejo, revela la condición de pecado en nuestras vidas, eso lo lleva a una lucha entre lo espiritual y lo carnal. ¿Cuál es la realidad que todos debemos afrontar? ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Es la ley o es el pecado en nosotros? y ¿Cuál es la oportunidad esperanzadora que Dios nos ofrece?