En la primera aparición a sus discípulos después de su resurrección, el Salvador se dirigió a ellos con las bienaventuradas palabras: “Paz a vosotros.”
Jesús está siempre listo para impartir paz a las almas que están cargadas de dudas y temores. Él espera que nosotros le abramos la puerta del corazón y le digamos: Mora con nosotros. Él dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20).