Durante mucho tiempo nos hicieron creer que la alegría tenía que ser intensa, visible y permanente.
Pero hay otra forma de alegría.
Una que no necesita hacer ruido.
La que aparece en una conversación tranquila, en una tarde sin prisa, en sentirte bien sin que esté ocurriendo nada extraordinario.
En este episodio hablamos de esa alegría serena que no depende de estar constantemente entusiasmados con la vida.
Quizá la felicidad también pueda sentirse así: como algo que no necesita demostrar que existe.