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«Odiar a alguien —escribió Harry Emerson Fosdick— es como quemar tu casa para matar al ratón que te está molestando». Y yo añadiría algo más: es como quemar la casa y que el ratoncito se escape. En otras palabras, odiar no vale la pena. El precio es demasiado elevado.
¿Cuál de los siguientes desafíos te parece que requirió de más fe de parte de los siguientes personajes bíblicos?
“Padre celestial, ayúdame a obedecer tus mandatos, aunque a veces parezca que no tienen ningún sentido”
“Dios mío, concédeme sabiduría al organizar mis prioridades de manera que lo importante para ti también lo sea para mí”
Tomemos nuestro versículo para hoy y coloquemos a su lado la siguiente cita: «¡Ojalá comprenda cada uno que es el árbitro de su propio destino! En ustedes yace la felicidad para esta vida y para la vida futura e inmortal» (Mensajes para los jóvenes, p. 23). ¿Qué obtenemos? Tres verdades que bien vale la pena conocer y aplicar en la obra más importante de nuestra vida: la edificación del carácter.
“Padre amado, hoy quiero edificar sobre la Roca de los siglos, Cristo el Señor. ”
«Señor, ¿por qué permitiste que mi sueño se derrumbara en forma tan miserable? ¿Por qué no me diste al menos una señal?» Quien así se expresa es Claudia, una joven recién egresada de la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas de una universidad privada. Su sueño consistía en comprar un apartamento tipo estudio para montar allí su agencia de publicidad. Pero ese sueño se evaporó cuando colocó su dinero en manos de un estafador. No sabemos qué respuesta le puede dar Dios a Claudia. Pero podemos imaginar que es la misma que quizás le daría a tantos otros: al joven que confió ciegamente en el amigo que lo traicionó; a la muchacha que muy tarde descubrió las verdaderas intenciones del don Juan que la enamoró. Esa respuesta es: «Tú nunca me lo consultaste».
“Padre mío, gracias porque te interesas en mis grandes problemas, y también en los pequeños.”
Siempre hemos escuchado que, si no queremos ser víctimas de la tentación, tenemos que evitar a toda costa dar el primer paso en falso; es decir, tenemos que rechazarla desde su primera insinuación. No obstante, ¿qué debemos hacer cuando, sin buscarla, la tentación se presenta ante nosotros?
“Amado Padre celestial, dame valor para huir de la tentación en el momento oportuno”.
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