Cuando reconozcamos la responsabilidad que tenemos como hijos de Dios de convertirnos en entes de cambio para el mundo, también habremos entendido nuestro principal llamado, pues una de las mayores aportaciones que podemos hacer al reino de Dios establecido en esta tierra, es la manera en la que nuestro entorno de personas nos percibe y la forma en la que nos relacionamos e interactuamos con nuestro prójimo; Esto viene a cobrar relevancia porque habrá vidas que serán transformadas a través de nuestra actitud, es decir no por lo que digamos o creamos sino por la manera en que vivamos.