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¿Quién soy yo? ¿Cuál es nombre que describe mi entraña como persona? Soy el interlocutor constituido por ese amor de Dios que me llama a la existencia.
Yo soy la respuesta cumplida. Mi nombre es el contenido de ese Amor constitutivo.
Sólo entonces Dios nos puede amar, no sólo como al hijo constituido, sino como al amante enamorado.
La respuesta libre realiza nuestra propia esencia, nuestro verdadero nombre.
Ser persona es poder y realidad de entrega mutua.
Nosotros necesitamos más, todo, sin límite. Amar y ser amados: ese Interlocutor Absoluto. Dios me ama primero: un Amor constitutivo, creador, que me establece como libertad, poder de decir sí, de responder al Amor arriesgado en el que existo. Mi “quién”, indefinible y absoluto, sólo tiene sentido respecto de ese Interlocutor Absoluto. ¿Quién soy yo? Yo soy mi vocación. Ser persona tiene la estructura de una respuesta
Lo único que tiene sentido crear es personas que puedan ser felices. Pero ¿qué es ser persona? Dos rasgos de la persona: es indefinible y tiene un valor absoluto.
Dios, al crearnos, nos tiene en la intimidad de su acto creador. Nos da realidad y libertad. Asume el riesgo de poner el corazón y darnos la libertad de decir sí, y por tanto arriesga el rechazo. El hecho de existir significa que Dios nos quiere con un amor arriesgado, eterno y sin arrepentimiento.
Ser consiste en estar siendo pensado-amado. Dios, en su eternidad, y porque le da la gana, quiere crear. Ese acto creador es eterno, como todo en Dios. ¿En qué consiste ese acto creador?
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Don Mikel Santamaría nos ayuda a desentrañar los principales fundamentos de la fe cristiana.