En las ruinas de la posguerra japonesa, un educador llamado Josei Toda tomó una decisión singular, la decisión de dedicar su vida a erradicar el sufrimiento humano. Su país acababa de salir devastado de la Segunda Guerra Mundial. Las ciudades estaban destruidas, la economía colapsada, y la memoria colectiva marcada por la derrota y las bombas atómicas.
Hoy —con varias invasiones en marcha y a las puertas de una nueva guerra,— planteo la pregunta: ¿después de nuestras guerras cuál será la prioridad?