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Nos encontramos en el Día más importante después de la Pascua de Resurrección: Pentecostés. Es la Venida del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento se representaban los cincuenta días después de la Aparición del Señor a Moisés en el Monte Sinaí. Tenía también un sentido de agradecimiento por los frutos recogidos en la tierra ese año.
En el Nuevo Testamento Cristo en el Cenáculo promete a los suyos el envío del Paráclito, el Consolador que será El que les enseñe todo. Y cuando ha resucitado y se les aparece allí mismo, exhala su aliento sobre ellos para que reciban al Defensor. Y así sucederá.
Cincuenta días después de resucitar de entre los muertos, y diez después de ascender a los Cielos, Cristo envía desde el seno del Padre al Espíritu Santo, a fin de santificar su obra en el mundo. Es el Libro de los Hechos de los Apóstoles el que nos cuenta este Pasaje.
Los Doce estaban reunidos con María, la Madre de Jesús, y perseveraban en la oración. Y cuando este día propiamente sonó el ruido de un Viento Recio y vieron aparecer al Espíritu Santo sobre ellos en forma de Lenguas de Fuego. Esto le hizo hablar diversos idiomas, según les concedía Él.
Así nace la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios. Los Padres de la Iglesia hablaban con entusiasmo de este día. A lo largo de los siglos en las Catedrales se arrojaban pétalos para simbolizar la revitalización de la Comunidad Eclesial.
En el siglo XX se comenzó a vivir una mayor vivencia del Espíritu con grupos de oración para un mayor acercamiento a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Con la Solemnidad de Pentecostés termina el Tiempo de Pascua y comienza la segunda parte del Tiempo Ordinario que se vio interrumpida con la Cuaresma.
By COPENos encontramos en el Día más importante después de la Pascua de Resurrección: Pentecostés. Es la Venida del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento se representaban los cincuenta días después de la Aparición del Señor a Moisés en el Monte Sinaí. Tenía también un sentido de agradecimiento por los frutos recogidos en la tierra ese año.
En el Nuevo Testamento Cristo en el Cenáculo promete a los suyos el envío del Paráclito, el Consolador que será El que les enseñe todo. Y cuando ha resucitado y se les aparece allí mismo, exhala su aliento sobre ellos para que reciban al Defensor. Y así sucederá.
Cincuenta días después de resucitar de entre los muertos, y diez después de ascender a los Cielos, Cristo envía desde el seno del Padre al Espíritu Santo, a fin de santificar su obra en el mundo. Es el Libro de los Hechos de los Apóstoles el que nos cuenta este Pasaje.
Los Doce estaban reunidos con María, la Madre de Jesús, y perseveraban en la oración. Y cuando este día propiamente sonó el ruido de un Viento Recio y vieron aparecer al Espíritu Santo sobre ellos en forma de Lenguas de Fuego. Esto le hizo hablar diversos idiomas, según les concedía Él.
Así nace la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios. Los Padres de la Iglesia hablaban con entusiasmo de este día. A lo largo de los siglos en las Catedrales se arrojaban pétalos para simbolizar la revitalización de la Comunidad Eclesial.
En el siglo XX se comenzó a vivir una mayor vivencia del Espíritu con grupos de oración para un mayor acercamiento a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Con la Solemnidad de Pentecostés termina el Tiempo de Pascua y comienza la segunda parte del Tiempo Ordinario que se vio interrumpida con la Cuaresma.