Así como nosotros buscamos sin descanso aquellas cosas valiosas y necesarias que frecuentemente extraviamos, Dios no abandona a sus hijos cuando se pierden en el camino. Él ha enviado a Su Hijo para venir a nuestro rescate, y a través de Él nos llama al arrepentimiento verdadero con el cual Él nos encuentra, nos perdona, y nos transforma para la vida eterna.