Como si estuvieras en un campo de batalla, incluso cuando nadie te está atacando.
Esa necesidad constante de justificarte, explicar cada paso, protegerte… puede ser una señal de que en algún momento te hicieron sentir que no eras suficiente.
Pero hoy, respira.
No todo es una amenaza. No todo es personal.
No tienes que ganarte tu lugar a gritos ni convencer a nadie de tu valor.
Tu paz no necesita defensa. Tu verdad se sostiene sola.
Aprender a bajar la guardia no es debilidad, es sanación.
Y confiar, poco a poco, es la forma más valiente de volver a ti.