Las redes sociales han dislocado el ejercicio del periodismo, que no acierta con el papel que deben jugar en el mundo de la información. Si bien es bueno que a través de ellas los usuarios expresen ideas sobre la realidad, eso no los convierte en periodistas, por el lógico desconocimiento de las reglas básicas del periodismo; pero si generan una perversa confusión entre opinión e información. Por su propia mecánica, las redes sociales no son canales para la difundir información argumentada; sino mensajes cortos que refieren un hecho del que hemos sido testigos puntuales, o una noticia cogida de oído, o un enlace a un medio afín o poco creíble, con el que se elabora al minuto una opinión: no una información. Enunciados que generan un flujo incesante de opiniones sobre hechos de la actualidad que asocian a la propia creencia, donde el valor de la información desaparece. Por eso las redes sociales no pueden sustituir al periodista ni el periodismo, convertidas en un foro para la polémica a partir de opiniones poco argumentadas, que normalmente se asocian a la propia creenci