Como vasos de barro somos cada creyente, ya que podemos mostrar en nuestra carne mortal la tristeza, el apuro, la persecución y hasta caer en un momento de debilidad, pero a pesar de toda esta experiencia dolorosa que podemos padecer en nuestra vida, lo mas glorioso es que tenemos esperanza, no solo de superarla, sino también de aprender de ella para fortalecer a otros que puedan vivir situaciones similares, sabiendo que el poder no es nuestro, sino de aquel que nos hizo libres de toda esclavitud del pecado y la maldad.