Los Pezones de Venus son un pequeño tesoro de la repostería clásica europea: un bombón con historia, leyenda y un toque de picardía. En nuestra sección Empírica Culinaria exploramos el origen de este dulce, su recorrido por la historia y cómo el cine ayudó a rescatarlo del olvido.
El nombre, sugerente y poético, parece evocar tanto la belleza como el placer. En realidad, los Pezones de Venus —que suelen presentarse como pequeñas trufas de licor cubiertas de chocolate blanco o glaseado— fueron durante siglos un guiño al arte sensual de la gastronomía.
Su fama resurgió gracias a Amadeus (1984), la película de Milos Forman que recrea la vida de Mozart. La mezcla de gula, música y deseo quedó grabada en la memoria del público. Décadas después, Chocolat (2000) volvió a recordarnos que los dulces no solo alimentan el cuerpo, sino también el alma: el chocolate se convirtió allí en símbolo de libertad, deseo y transformación.
El cine, como la literatura, tiene esa virtud de rescatar recetas olvidadas. Gracias a estas historias, dulces como los Pezones de Venus vuelven a nuestras mesas, inspirando a curiosos y golosos por igual. Son un ejemplo de cómo la cultura gastronómica es también una forma de narrar el tiempo y los placeres.
¡Escucha este programa y podrás preparar tus propios pezones de Venus!