Basta con pronunciar el apellido para que se activen, casi de forma automática, imágenes de intrigas, venenos, conspiraciones y pasillos oscuros del Vaticano. No es extraño, por tanto, que durante años hayamos asistido a una auténtica sobredosis de Borgia en forma de series, películas y documentales que han encontrado en esta familia un filón narrativo difícil de igualar. De ello hablamos en este programa.
Alejandro VI, el papa valenciano de origen borgiano, cargó ya en vida con una fama difícil de digerir. A él y a su entorno se les atribuyeron todo tipo de excesos morales, maniobras políticas sin escrúpulos y una forma de ejercer el poder que, según sus detractores, poco tenía que ver con la espiritualidad. De ahí que la ficción audiovisual no haya podido resistirse a llevar estas historias a la pequeña y a la gran pantalla. Para muchos guionistas, no hacerlo habría sido casi una negligencia profesional.
Lo curioso es que, pese a la evidente saturación temática, estas producciones consiguieron atraer un enorme interés por el público y gozaron de un éxito notable. La sobredosis de Borgia no produjo rechazo, sino adicción. Quizá porque, más allá de los nombres propios, lo que se ponía en escena era un retrato reconocible del poder en estado puro.
Las historias ambientadas en el papado de Alejandro VI suelen girar en torno a unos ejes muy claros. El primero es la lucha por el control político y económico, en un momento en el que el Vaticano era una potencia más en Europa. Las alianzas cambiantes, las traiciones y los pactos secretos no eran una excepción, sino una práctica habitual tanto en Roma como en las grandes monarquías del momento.
Otro tema recurrente es la frontera difusa entre lo público y lo privado. La familia, la herencia, los matrimonios estratégicos y el uso del parentesco como herramienta política aparecen una y otra vez como motores del conflicto. En ese sentido, los Borgia no fueron tan distintos de otras dinastías renacentistas, aunque su leyenda negra haya amplificado cada gesto hasta convertirlo en espectáculo.
Tampoco falta la fascinación por el rumor, la sospecha y la exageración. Muchas de las barbaridades que se contaron sobre Alejandro VI y los suyos circularon en panfletos, crónicas interesadas y relatos de enemigos políticos. La ficción moderna ha heredado ese material y lo ha reinterpretado... y a menudo sin preguntarse demasiado por su veracidad histórica.