“Chema; sólo Chema”. El nuevo párroco e San Vicente de la Barquera se muestra más que cercano, porque opina que “cuanto más sencillamente nos tratemos, mejor y no se falta al respeto porque no te digan ni ‘padre’ ni ‘usted’”. De hecho cree que “esas palabras nos separan un poquito y hay costumbres que se pueden cambiar”. Hace menos de dos meses llegó a la villa, desde Ciudad Real,como sustituto del Padre Rubín, que a su fallecimiento dejó un gran vacío. En este tiempo ya se ha hecho con el cariño de los allegados a la parroquia sobre la que destaca “el grupo de laicos que ha sabido llevarla”, refiriéndose al tiempo de ausencia del Padre Rubín.
Después de este tiempo en el que le ha tocado convivir con muchos turistas, ahora, “que nos quedamos sólo los del pueblo”, espera conocer “la realidad de la villa” y adaptarse al cambio. “Lo más alto que he estado ha sido en Valladolid y era un reto pasar al Norte; era un cambio en el clima, la forma de ser, la forma de hablar… Lo cual, para mí, es un reto”. Pero se lo tomará con calma: “No tengo ninguna prisa. Hay que mirar y escuchar mucho”.
Si se le pregunta por sus objetivos en San Vicente, el claretiano no duda: “Lo importante es ser muy cercano, una persona normal, mostrarte de forma natural y no perder la identidad que tenemos cada uno; si ves que te has equivocado, cambiar, pero sobre todo, intentar mirar hacia delante, que las cosas se pueden renovar y caminar con novedades”. En definitiva, quiere “ser muy coherente con las buenas tradiciones que hay y hacer un cambio de lo que se tenga que cambiar, pero desde la misión compartida”.
Este domingo, empezará la catequesis y también se celebrará el Domund y el martes se celebrará el día del Padre Claret, fundador de la orden religiosa.