¿Por qué la mayoría de las personas acusadas de brujería en la Europa moderna fueron mujeres? ¿Y qué tiene que ver el trabajo cotidiano con todo esto?
En este episodio analizamos un fascinante estudio publicado en la revista Gender & History por la historiadora Philippa Carter (Universidad de Cambridge), que cambia por completo nuestra visión sobre las cazas de brujas en la Inglaterra del siglo XVII.
A partir de los registros médicos del astrólogo Richard Napier, esta investigación revela que muchas mujeres fueron acusadas no por hacer magia… sino por hacer pan, cuidar niños, atender partos o vender leche. Sí: el trabajo doméstico y comunitario de las mujeres era tan visible —y tan propenso al fracaso o al conflicto social— que acababa convirtiéndolas en sospechosas habituales de brujería.
Una historia de género, trabajo y superstición que reescribe lo que creíamos saber sobre las brujas, y nos obliga a mirar más de cerca las raíces sociales de la violencia simbólica.
🔗 No te pierdas el artículo completo: Ni magia ni demonios: el verdadero motivo por el que las mujeres eran acusadas de brujería en la Inglaterra del siglo XVII estaba en su trabajo diario