El mayor aporte musical de Tracy Chapman fue revivir el folk de protesta social a finales de los años 80, demostrando que una propuesta acústica, íntima y con un fuerte mensaje político podía alcanzar el éxito masivo en una era dominada por el pop sintético y el glam metal. Con su voz de contralto profunda y su guitarra, Chapman reconectó la música popular con la cruda realidad de las clases trabajadoras.