El Live After Death fue tema obligatorio de conversación entre los jóvenes seguidores del heavy metal, de manera intensa a fines de 1985 y durante todo 1986. Es que tan solo tenerlo entre las manos, ya era una victoria y un privilegio que no todos podíamos darnos el gusto.
Si retrocedemos a 1985 y los dos años siguientes, podríamos afirmar que en aquel contexto, el Live After Death, más allá de la música que ofrecía, provocaba sensaciones hipnóticas, puesto que uno quedaba prendido del mismo de principio a fin. Era la manera en que los jóvenes de aquella época podíamos llevar a Iron Maiden en vivo a nuestros hogares e imaginarnos cómo sería estar en uno de aquellos shows.
Hoy ya es historia lejana, que nos llena de recuerdos, nostalgias e imágenes mentales de personas, momentos, lugares y sensaciones; que ya no están más presentes en nuestras vidas.