Hermanos y hermanas: Hoy, la liturgia nos confronta con la curación de un sordo mudo, rescatándolo no solo de una enfermedad, sino dándole la posibilidad de reintegrarse a su pueblo para tener la plenitud de vida, de comunicarse, de oírla Palabra de Dios, de orar y poder ser testigo de la misericordia divina. Dios nos conceda oír a Dios entendiendo su voluntad para nosotros.