Era una tarde de miércoles como cualquier otra. Recién llegado del trabajo y con la cabeza todavía un poco aturdida por el viaje de U-Bahn, Álvaro dudaba si ponerse a cocinar inmediatamente o esperar a tener más hambre. Sabía que la opción correcta era la primera, que esperar a tener mucho hambre sería sinónimo de una cena apresurada y poco elaborada, que las cosas hay que hacerlas con cariño, suavemente o a golpe de muñeca pero siempre siempre, sin prisa. Aún así, se tumbó en el sofá con su mantita y se puso a leer.
De pronto sonó el telefonillo.
- Hallo? - dijo con el tono extrañado de quien quiere dejar patente su sorpresa e incluso incomodidad.
- Buenas noches, somos de Calentón, la empresa encargada del mantenimiento del sistema de calefacción de la finca. La inmobiliaria nos ha comunicado que se ha reportado una incidencia en este piso, ¿es esto correcto? - dijo una voz con aire profesional.
- ¡Sí, sí, es aquí, suban suban! - contestó con gran excitación.
Recogió la estancia a gran velocidad y justo cuando tiraba un calcetín solitario en la cesta de la ropa socia, sonó el timbre. Su sorpresa fue enorme. No se trataba del señor con bigote de morsa que respiraba con dificultad y hablaba en alemán masticando las palabras que la inmobiliaria envió la última vez. Eran dos mujeres hispanohablantes ataviadas con sendos monos violetas que, tras darle la mano, se abrieron paso decididas al interior de su depa.
Aunque de forma discreta, Álvaro no podía evitar echar miraditas a su forma de trabajar. Era muy placentero. Había una enorme compenetración entre ellas y las herramientas volaban de mano en mano mientras intercambiaban palabras técnicas que le eran desconocidas.
De pronto, miró con mayor atención y su cara se demudó al instante; arrodilladas junto a la calefacción de su habitación y ocultándolo con sus cuerpos se hayaba un equipo de grabación completamente montado.
Como si la aspiración súbita y asustada de Álvaro las hubiera advertido, Lina Bembe y Sara Limón, pues esos eran sus nombres, se levantaron lentamente y, micrófonos en mano, avanzaron decididas hacia él.
- ¿Qué, qué, qué… qué significa esto? - dijo retrocediendo - Ustedes, ustedes… ¡ustedes no son de Calentón!
Ellas rieron. Ja ja ja ja. Y con mirada insinuante y murmurando con voz gatuna palabras obscenas al micrófono siguieron avanzando hasta que la espalda de Álvaro chocó contra la pared.
- ¿Sabes que tienes una voz muy bonita?
- Muy queer
- Yo, yo… yo me la noto muy heteropatriarcal
- Todo se puede aprender y desaprender, y volver a aprender…
- Nosotras te enseñamos…
- Hoy empieza tu primera lección
La pornografía, con Lina Bembe, actriz porno, y Sara Limón, ex-compañera en el podcast Wohnzimmer. ¡Disfrutarlo!
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