Hay cosas que no comienzan en nuestras acciones.
Comienzan en el corazón.
Un pensamiento que repetimos.
Una queja que alimentamos.
Una herida que seguimos recordando.
Un deseo que dejamos crecer.
Con el tiempo, aquello que sembramos comienza a dar fruto.
Esta enseñanza es una invitación a mirar hacia adentro, reconocer lo que necesita ser transformado y recordar que Dios no solamente quiere mostrarnos aquello que está mal: también quiere darnos un corazón nuevo y enseñarnos a sembrar verdad, misericordia, amor, perdón, contentamiento y dominio propio.
Una conversación profunda sobre lo que estamos cultivando y sobre quién queremos parecernos.