Sirácide (Eclesiástico) 48, 1-15: “Cuando Elías fue envuelto por el torbellino,
Eliseo quedó lleno de su espíritu”
Salmo 96: “Que se alegren los justos en el Señor”
San Mateo 6, 7-15: “Ustedes oren así”
En el pasado Congreso Eucarístico Mundial, con todo y tener una muy fuerte
insistencia en el compromiso social, una de las grandes riquezas que
descubrimos fue la oración. Más allá de las muchas palabras, de muchas
exposiciones magistrales sobre la presencia de Jesús Eucaristía, todo queda
pequeño frente a la experiencia de la oración que cada día se propiciaba. Y
hubo muchos momentos de oración profunda. Acercarse a Jesús en la
Eucaristía no como misterio, o como información, acercarse a Jesús como al
amigo que nos puede escuchar, al que podemos contarle nuestras penas y
nuestras alegrías, al que podemos decirle nuestras dudas y quedarnos largos
ratos con Él en diálogo, será una experiencia necesaria. Cristo mismo nos lleva
por este camino con su ejemplo y con su enseñanza. Hoy, nuevamente, nos
acercamos al Padre Nuestro como modelo de oración, y me propongo “rezar”
con mucha atención cada una de las palabras, descubriendo su sentido,
descubriendo lo más importante para mí en este momento. Quizás habrá
alguno que insista en el abandono confiado que supone decir: “Padre”; a otro
quizás le convenga insistir en la relación que implica el decir “nuestro”, que nos
lleva al reconocimiento del otro como hermano. “Venga tu reino”, en estos días
será una angustiosa súplica ante tanta violencia e intolerancia. Son muchos
aquellos cuya principal preocupación y lo que quieren compartir con el Señor
es la necesidad imperiosa del alimento de este día. Una de las riquezas que
nos muestra el Padre Nuestro es la capacidad de dar y recibir perdón. ¿Quién
se siente más feliz el que da o el que recibe perdón? Contrariamente a lo que
se piensa, la venganza nos trae más intranquilidad y congojas que la
satisfacción que pudiera producir. San Mateo, al concluir la oración del Padre
Nuestro, resalta este aspecto del perdón que tanto necesitamos. No podemos
vivir en un mundo de violencia, pero no podremos encontrar armonía si no
somos capaces de dar y recibir perdón. En nuestra oración de cada día
pidamos al Señor que nos conceda ese gran regalo de sabernos perdonados a
pesar de nuestras grandes ofensas, que nos sintamos en armonía con Dios;
pero también pidamos la gracia de saber perdonar y que pueda estar en paz