Marcelino es el padre de las niñas que fueron atacadas en Pozo Azul a mediados de abril. Con el regreso de las menores a su casa, la vida de este hombre comienza de recuperar su habitualidad, aunque reconoce que ya nada será igual en la familia. "Ya todos saben lo que paso, no fue fácil. Es una cosa que no le deseo ni a mi peor enemigo, lo que yo pase no quiero que nadie pase. El dolor está, cada vez que miro a mi guaina me siento mal. Me da un dolor que no puedo explicar", afirmó Marcelino, al borde de las lágrimas.