En Planeta Vital viajamos imaginariamente nada menos que hasta Nueva Zelanda, para conocer a nuestra invitada Victoria Helena Rastelli Montbrum, venezolana, ingeniero mecánico y PHD en Desarrollo Sustentable de la Universidad Simón Bolívar en Caracas, para conversar sobre el tema de la contaminación acústica.
Fue contratada por la empresa Norman Disney & Young, con sede en Auckland y que además atiende proyectos en Australia, para encargarse de todo el tema de ingeniería y control acústico.
Victoria es nuestra embajadora y la única mujer “caza ruidos” en Nueva Zelanda.
La contaminación Acústica, se define como el exceso de sonido que altera las condiciones normales del Ambiente en una determinada zona y que se traduce en el deterioro de la calidad de vida para quienes la resienten.
No todo sonido es considerado contaminación acústica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como ruido cualquier sonido superior a 65 decibelios (dB). En concreto, dicho ruido se vuelve dañino si supera los 75 dB y doloroso a partir de los 120 db. En consecuencia, este estamento recomienda no superar los 65 dB durante el día e indica que para que el sueño sea reparador el ruido ambiente nocturno no debe exceder los 30 dB.
La contaminación atmosférica no es la única que tiene efectos perjudiciales para los seres vivos del planeta. La contaminación acústica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es uno de los factores ambientales que provoca más problemas de salud. Solo en Europa, según la Agencia Europa del Medio Ambiente (AEMA), causa al año 16.600 muertes prematuras y más de 72.000 hospitalizaciones.
Jóvenes con oído de viejo: la población se está quedando sorda poco a poco
Un artículo de El Mundo de España comenta que la OMS alerta de que 1.000 millones de jóvenes tienen riesgo de sufrir pérdidas de audición por escuchar música muy alta. 43 millones de personas de entre 12 y 35 años ya tienen daños.
Si es perjudicial para los humanos, el ruido también es muy nocivo para los animales. Según el servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS), la contaminación acústica tiene un gran impacto ambiental y notables efectos adversos en la vida salvaje. De hecho, según los expertos, el ruido puede perturbar los patrones de reproducción, de amamantamiento e, incluso, contribuir a la extinción de algunas especies.
Por otra parte, los grandes estudios sobre la salud de los ecosistemas marinos no dan importancia al paisaje sonoro. Sin embargo, la contaminación acústica es un factor central.
El profesor de la Universidad de Ciencias Rey Abdullah de Arabia Saudí, Carlos Duarte, después de haber revisado de forma sistemática varios estudios académicos sobre el tema, explica que aproximadamente el 90% constatan daños significativos en mamíferos marinos como ballenas, focas y delfines, mientras que hasta el 80% informa de impactos en peces e invertebrados.
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