Los niños preguntaban si con decir Fidel era bastante, como si todo lo que tuvieran de amor dentro no cupiera en una palabra; la abuela demostraba la entereza de sus piernas, aún después de los 70, porque ella estaba probada en los largos discursos de los años 60, y porque "mija, si estuve aquí en el 59 no podía faltar hoy".