Llamamos niño interior a la imagen que tenemos de nosotros mismos, en cuanto a sentimientos, valoración, reconocimiento de habilidades y capacidades, y por tanto, en la satisfacción personal de ser quienes somos.
Nuestro niño interior se generó en la infancia y perdura hasta hoy, suscitando en ocasiones sufrimiento, dolor o problemas, generalmente por conflictos o bloqueos emocionales no resueltos en la infancia. Pero no todo está perdido, podemos recuperar a nuestro interior, restableciendo la imagen que tenemos de nosotros mismos.
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