La enigmática energía oscura del cerebro
El cerebro representa el 2% del peso del cuerpo humano.
Sin embargo, consume un 20% de la energía de su organismo.
Eso es mucho más que lo que consume tu corazón, tu hígado y el páncreas, todos juntos.
De ese porcentaje, solo sabemos a qué destina un 2%.
¿En qué invierte el resto?
Además gasta casi la misma energía cuando estamos atentos que cuando hacemos reposo.
Así, que en general, la pregunta sería:
¿Por qué este órgano gasta tantísima energía?
En 2006 el científico Marcus Raichle publicó un célebre artículo en la revista Science.
Se llamaba la energía oscura del cerebro.
Creemos que vemos con los ojos y escuchamos con los oídos.
En realidad, los ojos y oídos serían como unos dispositivos de entrada.
Como dos cámaras y dos micrófonos.
Lo cierto es que es el cerebro el que nos hace ver y escuchar.
Sólo ves aquello que tu cerebro quiere que veas.
Es decir, que nuestros ojos perciben mucha más información de la que realmente somos conscientes.
Por lo tanto, gran parte de la energía que consume el cerebro no tiene que ver con la información que entra.
Sino con la que quiere inhibir.
Parece ser que no la filtra, la deja pasar entera.
Luego, gasta una ingente cantidad de energía en inhibir la información que no interesa.
Según la teoría de Marcus, el cerebro no está diseñado para que seamos autoconscientes.
Lo somos, por accidente.
Sabemos que una de sus funciones principales es la de controlar y regular el organismo.
Realizando un proceso de homeostasis.
A lo largo de nuestra vida, aprendemos cosas, nos relacionamos y nuestro órgano pensante evoluciona.
En cambio, el 98% de su gasto de glucosa, no está dedicado al mundo externo, sino al interno.
A pensar, a hacer hipótesis sobre lo que va a pasar.
No podemos entender el cerebro separado del cuerpo.
Mens sana in corpore sano.
Hay una relación bidireccional.
Si tenemos un cuerpo sano, el cerebro también lo estará y viceversa.
Otros investigadores proponen que la energía oscura está asociada al funcionamiento del inconsciente.
Y afirman que este tiene 200.000 veces mayor capacidad de procesamiento que la conciencia.
Un estudio de Daniel Gilbert pretendía demostrar que la mente divaga durante el 46% del tiempo.
Nuestro órgano pensante es el más sensible a la falta de oxígeno y glucosa de todo el cuerpo.
A los diez minutos de interrupción de cualquiera de los dos elementos, nos encontraríamos con daños cerebrales permanentes.
Por eso, se da la mayor preferencia, porque él lo vale.
En un caso de emergencia, prefiere dejar sin energía a otros órganos, para consumir él las reservas.
Por ello nos quedamos en estado de coma.
Otra teoría reciente es la de J. Kozloski, de una división de investigación de IBM.
La del Grand Loop.
Y sugieren que el cerebro gasta tanta energía porque recorre, una y otra vez los circuitos neuronales.
Digamos, que se dedica a repasarlo todo, dando vueltas.
Lo curioso es que el cerebro siente el dolor de todo el cuerpo pero no tiene sus propios receptores.
Si pudiésemos apretar el cerebro, no sentiríamos dolor.
La mayoría de los dolores de cabeza son por un dolor referido.
Un problema en otra parte del cuerpo.
Al no poseer receptores del dolor, el cerebro puede operarse con anestesia local.
Como se hace en muchas neurocirugías.
La última hipótesis que trata de responder a lo que es la energía oscura del cerebro, serían las sinapsis eléctricas.
Las neuronas se comunican mediante sinapsis.
Pequeños puntos de contacto en los que los mensajeros químicos transmiten un estímulo de una célula a otra.
Las más conocidas son las sinapsis químicas, pero no son las únicas.
Las eléctricas son mucho más raras y difíciles de detectar, en la actualidad.
Una sinapsis eléctrica conecta dos neuronas directamente, sin rodeos.
Desempeña una función importante, pero, de momento, no sabemos más.
En resumen, parece que el cerebro y el universo se asemejan más de lo que parecía.
En ambos influye una energía oscura.