LA GRAN RENUNCIA MASCULINA
CUANDO LOS HOMBRES DEJARON DE VESTIR TACONES, FALDAS Y PELUCAS
Nada es fruto de la casualidad cuando se analizan las tendencias sociales.
Unos cambios sociales que hicieron que la elegancia masculina de nuestros días, se asocie a la camisa con una americana y no a coloridos vestidos.
Nos remontamos a finales del siglo 18.
En aquella época, llevar falda, tacones y pelucas, era un símbolo de estatus social para los hombres.
Una forma de transmitir poder económico y cultural.
Vestían de una forma poco práctica.
Para demostrar que eran de clase alta.
Y que no trabajaban en el campo.
Hasta que todo cambió con la Revolución Francesa.
Que trajo el fenómeno de la Gran Renuncia Masculina.
Por el otro lado, en 1630, las mujeres se cortaban el pelo, añadían charreteras a sus trajes y usaban sombreros masculinos.
Y decidieron ponerse tacones para masculinizar más sus atuendos.
La Revolución Francesa trastocó los cánones.
Por primera vez en la historia, la vestimenta se convirtió en un código.
Con un significado social y político.
Las chaquetas sueltas y los pantalones de paño a rayas designaba la clase social de los: campesinos, tenderos y artesanos.
Los que se oponían a la monarquía francesa del siglo 18.
Y empezó a notarse una especie de rechazo social contra la alta costura.
Contra lo que tenía que ver con la realeza o la aristocracia.
Los colores brillantes fueron eliminados de sus atuendos.
En su lugar, se adoptó un estilo de vestir funcional y apagado.
Más práctico para una vida relacionada con el trabajo manual.
Ese sentir vino de la mano de la Ilustración.
Un movimiento intelectual que apostaba por la razón frente a la superstición.
En definitiva, la moda masculina se inclinó hacia lo práctico, lo útil.
Y empezó a valorare más el estar bien educado.
Antes que pertenecer a la burguesía o a la realeza por herencia.
A las mujeres se las siguió viendo como más emocionales o sentimentales.
El tacón alto dejó de servir para montar a caballo y los hombres ya no se los ponían.
El británico John Flügel fue el primero en usar el término de ‘La gran renuncia masculina’.
Lo incluyó en su libro: la psicología de las prendas, publicado en 1930.
Según él: el hombre abandonó la idea de ser considerado bello y prefirió ser útil.
John fue miembro del partido de la reforma de la vestimenta de los hombres, que nació después de la Revolución Francesa.
Surgió en la Gran Bretaña de entreguerras.
Y defendía una moda masculina higiénica.
Basada en la sobriedad en el vestir.
La tendencia más popular fue la del dandy moderno.
Un personaje cuyo nombre alude a una famosa marca de colonia masculina.
George Bryan Brummell fue un aristócrata inglés, amigo del príncipe Jorge cuarto.
Y patentó este nuevo modo de vestir para los hombres.
Inspirándose en los valores prácticos de la Revolución Francesa, apostó por los abrigos oscuros.
Los pantalones largos con una camisa blanca de lino y una corbata bien anudada.
Lo que evolucionaría hasta el clásico traje de hoy en día.
Brummell también influyó en otros hábitos y costumbres de los hombres de la época.
En lugar de usar perfumes, era mejor darse un baño diario para estar aseado.
Un estilo que huía de lo estrafalario.
Y prefería conjugar el blanco y negro en su vestuario.
Las clases altas siguieron sus recomendaciones.
De esa manera se abandonó el emperifollamiento de los siglos anteriores.
Y se optó por la sobriedad que distingue a la ropa masculina de nuestros días.
Hasta que las nuevas tendencias hacia lo unisex lo vuelvan a cambiar todo.