LA TUMBA DE LOS MIL MILLONES DE DÓLARES
LA DE TUTANKAMÓN
Febrero, 1923.
El arqueólogo Howard Carter descubrió la tumba del rey Tutankamón.
Los objetos que la rodeaban le dejaron asombrado.
Ahora, los secretos de la tumba del faraón se exhiben por todo el mundo.
El Gran Museo Egipcio lo presenta como su gran atracción.
En este vídeo viajaremos al momento cumbre.
Justo cuando Carter realizó uno de los hallazgos más importantes de la historia en la arqueología.
Entramos, bajamos los escalones…
Atravesamos las puertas hasta la primera habitación.
Bienvenidos al Valle de los Reyes.
Donde se enterraron los cuerpos de los principales gobernantes y nobles del antiguo Egipto.
Todo dispuesto para disfrutar de una vida de lujo en el más allá.
La entrada a esta tumba estaba cubierta con escombros.
Una vez despejado el camino, nos topamos con una puerta de piedra caliza.
El sello representa a un chacal y a sus nueve esclavos.
Pasamos a la segunda puerta.
Hay estampas con sellos de sus sacerdotes y también el real del rey Tutankamón.
En la antecámara se hallaron varios objetos de valor apilados.
Es la habitación más grande de toda la tumba.
Estas dos estatuas de tamaño natural de los guardias del faraón siguen vigilando su descanso eterno.
Después de más de 3.000 años, parece que todo se conserva intacto.
Carter afirmó que podía ver el brillo del oro en cualquier dirección.
Hay tres sofás contra la pared más larga.
Cada uno está decorado con la cabeza de un animal.
La de un hipopótamo, un león y la de una vaca.
Están hechos de madera y oro.
Se estima que habrían unos 700 objetos en esta tumba.
Cofres, cestas, estatuas grandes, camas o taburetes.
Cada artículo es de alta calidad.
Por ejemplo, el seguro que cuesta mostrar 166 piezas por varias exposiciones asciende a 862 millones de dólares.
Aquí mismo se halló el trono de Tutankamón.
A la izquierda había piezas de tres carros.
La siguiente entrada estaba oculta.
Se localizó entre las patas de uno de los sofás con la cabeza de un animal.
Era muy pequeña.
Nos adentraremos a la siguiente fase.
Se trata de un pequeño anexo.
La habitación más diminuta de la tumba.
Se encontró bastante desordenada.
Había jarrones con aceite, alimentos, vino, cerámica, platos, cestas.
Incluso, juegos de mesa.
Como el conocido ‘Senet’.
Era similar al ajedrez.
Carter especificó que le faltaban piezas de oro y plata.
Parece ser que hubo ladrones que ya habían entrado antes en la tumba.
Con todo, se contaron hasta 280 artículos dentro de este anexo.
Regresamos a la antecámara.
Desde ahí otra vez, tendremos acceso a la parte más importante.
La cámara funeraria del faraón.
Cuesta encontrar la puerta de entrada.
Tuvieron que horadar una de las paredes para abrir el camino.
Pero valió la pena.
En esta cámara se aprecia la representación de diversos dioses.
En el centro hay un sarcófago con tres ataúdes.
Cada uno está dentro del otro.
El último es el que contiene el cuerpo momificado de Tutankamón.
Con su icónica máscara de oro.
Todo está hecho de oro macizo.
Si nos dirigimos a la derecha, hay una cámara vigilada por el Dios Anubis.
Aquí se guardan los tesoros más valiosos de la tumba del gobernante.
Por ejemplo: santuarios, cofres y hasta 14 botes.
Para zarpar a la otra vida.
También están los cuatro famosos vasos canopos.
Fueron tallados y pintados de manera precisa.
Mostrando los rasgos de Tutankamón.
Cada uno contiene un pequeño ataúd.
Y dentro están los órganos del difunto.
El hígado, los pulmones, el estómago y los intestinos.
El único órgano que no se extrajo de su cuerpo fue su corazón.
Se pensaba que el Dios Osiris lo pesaría en el más allá.
En un juicio, se colocaba el corazón en uno de los platos de la balanza y en el opuesto, una pluma de avestruz.
Si el corazón pesaba más que la pluma, significaba que era culpable.
Y debía ser devorado por Ammit, una bestia mitológica.
Ammit era una diosa con la cabeza de un cocodrilo, cuatro delanteros de león y los cuartos traseros de un hipopótamo.
En caso contrario, el difunto habría tenido una vida justa.
Y estaría preparado para renacer en el más allá.
Normalmente, el corazón humano de un hombre pesa entre 280 y 300 gramos.
Mientras que el de la pluma de un avestruz no sobrepasa los 200 gramos.
Así que imaginaros el resultado del juicio.
Al poco tiempo de hallar la tumba, se especuló con que hubieran más cámaras secretas.
Pero las investigaciones más recientes lo descartaron.
Tardaron más de 9 años en catalogar las 5.000 piezas en total.
Ahora la tumba completa está asegurada por mil millones de dólares.
Y su precio no deja de aumentar con el paso del tiempo.
Es hora de salir.
Dejemos este apasionante descubrimiento de nuestra historia.
Y regresemos a clase.