EL CAMBIO DE TENDENCIA A LA HORA DE ELEGIR NOMBRES
Leyendo los periódicos de hace un siglo, nos daremos cuenta de cómo han cambiado los nombres en la población.
Que si Victoriano se ha casado con Raimunda.
Que si la policía ha detenido a Melitona por ejercer de adivinadora.
O que los niños Brígido y Bernardino han ingresado en el hospital.
Todos estos ejemplos son reales, tomados de viejos diarios.
En el santoral de julio nos topamos con nombres como estos:
Monegunda, Carilefo, Mustiola, Nanfanión, Disibodo, Optaciano, Plequelmo o Glodesindis.
Algunos de nuestros bisabuelos fueron Filomena o Ulpiano, pero hoy en día no son nombres tan comunes.
Hace seis años, el equipo del Instituto Nacional de Estadística detectó que no quedaba ninguna Urraca en España.
Pese a su ilustre pasado como nombre de la realeza.
Como fue Urraca I de León, la Temeraria.
O el famoso personaje de tebeo, la maligna Doña Urraca.
Los nombres propios de persona se denominan antropónimos.
Otros nombres que van camino de la extinción serían los de: Irundina, del quedan veintidós.
Exiquia y Parmenia.
Entre los varones, van camino de desaparecer los Vítores, Euquerio y Artesino.
Hay unos veinte de cada uno, con medias de edad por encima de los 75 años.
Los nombres están sujetos a las tendencias.
La influencia de las modas es exagerada.
Hasta los nombres más habituales hace un siglo, están perdiendo pujanza.
Antonio fue el nombre top entre los varones nacidos en los 50 y los 60.
Con 133.000 y 132.000 Antonios en cada una de esas décadas.
En cambio, solo 40.000 han venido al mundo en las dos décadas que llevamos de este siglo.
Entre las mujeres, María del Carmen reinó durante cuarenta años.
Hay 647.000 en España, pero solo el 9 por ciento han nacido a partir de 1980.
Hasta el tradicional nombre de José está perdiendo presencia.
14.500 menos, en el plazo de un año.
Hoy se llevan los nombres simples y cortos.
En 2020 aumentaron de frecuencia los de Hugo, Martín, Lucas, Lucía, Sofía y Martina.
Hace ochenta años, era habitual optar por apelativos como Modesta, Maximina, Balbina o Cipriano.
Hoy, ya no.
En España existía la muy extendida costumbre de bautizar a los niños con el nombre del santo que figurase ese día en el santoral católico.
Una práctica que se remonta al año 1570.
La Iglesia Católica tomó las disposiciones del Concilio de Trento.
Hizo obligatorio bautizar a los niños con nombres extraídos del santoral.
Así que se le aplicó al niño el nombre del santo del día.
En la práctica, no era una obligación como tal.
Muchos de los nombres del santoral corresponden a personajes de origen griego y latino.
Vivieron entre los siglo I y III.
Y fueron ejecutados durante las grandes persecuciones de los emperadores romanos.
Por eso nos encontramos con tantos nombres formados por raíces griegas o latinas.
Algunos nos suenan rarísimos a día de hoy.
Sin embargo, fueron comunes en su tiempo.
El santoral católico del 12 de julio incluye nombres como Clemente, Félix, Fortunato, Hermágoras, Hilarión, Paterniano o Vivenciolo.
Imaginaros a los antepasados que nacieron ese día teniendo que elegir el nombre para sus bebés de entre esas opciones.
Desde 1977 ya no hay por qué ajustarse al santoral.
En la Edad Media, los nombres de moda eran los de los santos, caballeros, héroes, reyes o personajes famosos.
Rodrigo se puso de moda en el siglo 12 por el Cantar del Mío Cid.
En el siglo 16 ocurrió con Carlos, por el emperador Carlos quinto.
En el presente, los nombres siguen la estela de actores, cantantes, influencers o deportistas populares.
Estos cambios de tendencia permiten datar con bastante exactitud la década de nacimiento de quienes llevan determinados nombres.
Raquel se hizo popular en España en los años 60 y 70 por la actriz Raquel Welch.
Las Pamela proliferaron en los 80 por el personaje de Pamela Ewing, en la serie Dallas.
Las Tamara se extendieron en los 80 por ser el nombre de la hija de Isabel Preysler.
Las Vanessa, por ser el de la hija de Manolo Escobar.
Y por la canción que éste le dedicó.
La mayoría de los Kevin, Jessica, Jennifer o Christian son nombres que saltaron a la fama en los 80.
Por el contrario, la mayoría de los Telesforo, Robustiano o Desiderio tienen alrededor de 80 años.
El capricho de las modas no sigue un criterio fijo.
Un caso emblemático es el de Martina.
Durante años, fue propio de señoras mayores.
De esos que se solían decir con el artículo por delante.
En cambio, este siglo se ha vuelto uno de los más populares entre las niñas.
El motivo habría que buscarlo en los modelos actuales de referencia.
Los famosos como Martina Klein o la actriz Martina Cariddi.
Seguro que si una deportista triunfara bajo el nombre de Urraca, este volvería a lo alto del ranking en cuanto a preferencias.
Marciano es un nombre en desuso.
Prácticamente sin registros nuevos en este siglo.
Las Marcianas y Marcianos suelen tener unos 72 años de media.
Filomena fue un nombre muy habitual en algunas regiones de España.
Hoy, solo quedan poco más de 7.000.
La mayoría de ellos nacieron en los años 30 y 40.
Roberto, Carlos, César, Mónica, Sonia, Silvia o Susana fueron otros nombres pelotazo de los años 70 y 80.
Andrea fue uno de los más utilizados en los 90 y en la primera década de este siglo.
También hay unos 2.600 varones que se llaman así.
Los nombres de niña que más crecen en este siglo son los de Lucía, Sofía y Martina.
En nuestro país, los nombres se regulan según la Ley del 8 de junio de 1957 del Registro Civil.
Existe libertad de elección, pero no todo vale.
Hay algunos nombres que están prohibidos en España.
Son aquellos que tienen connotaciones negativas, atentan contra la dignidad de la persona o puedan ser motivo de burla.
La legislación española no permite nombres como: Judas, Hitler o Loco.
La normativa también precisa que no se pueden poner nombres de frutas.
Ni Limón Pérez, ni Melocotón Fernández ni Pomelo Aguirre.
Otra limitación que establece la legislación es el uso de acrónimos.
En el Registro Civil no se admite como válido un nombre a partir de abreviaturas o siglas.
Tampoco se pueden poner nombres completos de famosos.
Como, por ejemplo, Rafa Nadal.
Se le puede poner a tu hijo el nombre de Rafa y que coincida con Nadal, si es tu apellido.
Lo que no se puede hacer es llamarle Rafa Nadal como nombre propio.
También se deben evitar términos que coincidan con marcas comerciales.
Como Colgate o Nutela.
Algunos de estos nombres son populares en países de Latinoamérica.
La legislación recomienda no poner nombres que puedan confundirse con los apellidos.
En conclusión, en la actualidad no se puede hablar de empobrecimiento con respecto al pasado a la hora de los nombres.
Los padres pueden elegir entre los nombres del santoral católico, los del acervo español, los vernáculos de esta cultura, escoger nombres de personajes famosos o decantarse por otros de distintas culturas.