PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • BARQUERO BARCA CARONTE
    Entonces un hombre llegó solo. Y una pequeña sombra se sentó estremeciéndose en una playa solitaria y el gran bote zarpó. Sólo un pasajero; los dioses saben. Y un Caronte grande y cansado remó y remó junto al pequeño, silencioso y tembloroso espíritu.
    Y el sonido del río era como un poderoso suspiro lanzado por Aflicción, en el comienzo, entre sus hermanas, y que no pudo morir como los ecos del dolor humano que se apagan en las colinas terrestres, sino que era tan antiguo como el tiempo y el dolor en los brazos de Caronte.
    Entonces, desde el gris y tranquilo río, el bote se materializó en la costa de Dis y la pequeña sombra, aún estremeciéndose, puso pie en tierra, y Caronte volteó el bote para dirigirse fatigosamente al mundo. Entonces la pequeña sombra habló, había sido un hombre.
    -Soy el último -dijo.
    Nunca nadie antes había hecho sonreír a Caronte, nunca nadie antes lo había hecho llorar.
    5 min
  • AMOR ETERNO GUSTAVO ADOLFO BECQUER
    Podrá nublarse el sol eternamente;
    Podrá secarse en un instante el mar;
    Podrá romperse el eje de la tierra
    Como un débil cristal.
    ¡todo sucederá! Podrá la muerte
    Cubrirme con su fúnebre crespón;
    Pero jamás en mí podrá apagarse
    La llama de tu amor.
    2 min
  • ANNABEL LEE EDGAR ALLAN POE
    Annabel Lee es el último poema completo compuesto por el escritor y poeta romántico estadounidense Edgar Allan Poe.1 Como en muchas de sus obras, explora la temática de la muerte de una hermosa mujer.2 El narrador, enamorado de Annabel Lee cuando eran jóvenes, continúa estándolo tras su muerte. Su amor hacia ella era tan fuerte que incluso los ángeles estaban celosos. Existe un debate sobre qué mujer, si es que la hubo, sirvió de inspiración para Annabel Lee. A pesar de que se han sugerido los nombres de varias, la candidata más creíble es su esposa, Virginia Eliza Clemm.3 El poema, escrito en 1849, no fue publicado hasta poco después de la muerte de su autor, ese mismo año.
    4 min
  • LA DESESPERACION DE JOSE DE ESPRONCEDA HEAVY
    Me gusta ver el cielo
    Con negros nubarrones
    Y oír los aquilones
    Horrísonos bramar,
    Me gusta ver la noche
    Sin luna y sin estrellas,
    Y sólo las centellas
    La tierra iluminar. Me agrada un cementerio
    De muertos bien relleno,
    Manando sangre y cieno
    Que impida el respirar,
    Y allí un sepulturero
    De tétrica mirada
    Con mano despiadada
    Los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba
    Caer mansa del cielo,
    E inmóvil en el suelo,
    Sin mecha al parecer,
    Y luego embravecida
    Que estalla y que se agita
    Y rayos mil vomita
    Y muertos por doquier. Que el trueno me despierte
    Con su ronco estampido,
    Y al mundo adormecido
    Le haga estremecer,
    Que rayos cada instante
    Caigan sobre él sin cuento,
    Que se hunda el firmamento
    Me agrada mucho ver. La llama de un incendio
    Que corra devorando
    Y muertos apilando
    Quisiera yo encender;
    Tostarse allí un anciano,
    Volverse todo tea,
    Y oír como chirrea
    ¡Qué gusto!, ¡qué placer!
    Me gusta una campiña
    De nieve tapizada,
    De flores despojada,
    Sin fruto, sin verdor,
    Ni pájaros que canten,
    Ni sol haya que alumbre
    Y sólo se vislumbre
    La muerte en derredor. Allá, en sombrío monte,
    Solar desmantelado,
    Me place en sumo grado
    La luna al reflejar,
    Moverse las veletas
    Con áspero chirrido
    Igual al alarido
    Que anuncia el expirar. Me gusta que al averno
    Lleven a los mortales
    Y allí todos los males
    Les hagan padecer;
    Les abran las entrañas,
    Les rasguen los tendones,
    Rompan los corazones
    Sin de ayer caso hacer. Insólita avenida
    Que inunda fértil vega,
    De cumbre en cumbre llega,
    Y arrasa por doquier;
    Se lleva los ganados
    Y las vides sin pausa,
    Y estragos miles causa,
    ¡Qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas,
    El juego, las botellas,
    En torno de las bellas
    Alegres apurar;
    Y en sus lascivas bocas,
    Con voluptuoso halago,
    Un beso a cada trago
    Alegres estampar.
    Romper después las copas,
    Los platos, las barajas,
    Y abiertas las navajas,
    Buscando el corazón;
    Oír luego los brindis
    Mezclados con quejidos
    Que lanzan los heridos
    En llanto y confusión. Me alegra oír al uno
    Pedir a voces vino,
    Mientras que su vecino
    Se cae en un rincón;
    Y que otros ya borrachos,
    En trino desusado,
    Cantan al dios vendado
    Impúdica canción. Me agradan las queridas
    Tendidas en los lechos,
    Sin chales en los pechos
    Y flojo el cinturón,
    Mostrando sus encantos,
    Sin orden el cabello,
    Al aire el muslo bello
    ¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!
    6 min
  • LA DESESPERACIÓN JOSE DE ESPRONCEDA
    Me gusta ver el cielo
    Con negros nubarrones
    Y oír los aquilones
    Horrísonos bramar,
    Me gusta ver la noche
    Sin luna y sin estrellas,
    Y sólo las centellas
    La tierra iluminar. Me agrada un cementerio
    De muertos bien relleno,
    Manando sangre y cieno
    Que impida el respirar,
    Y allí un sepulturero
    De tétrica mirada
    Con mano despiadada
    Los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba
    Caer mansa del cielo,
    E inmóvil en el suelo,
    Sin mecha al parecer,
    Y luego embravecida
    Que estalla y que se agita
    Y rayos mil vomita
    Y muertos por doquier. Que el trueno me despierte
    Con su ronco estampido,
    Y al mundo adormecido
    Le haga estremecer,
    Que rayos cada instante
    Caigan sobre él sin cuento,
    Que se hunda el firmamento
    Me agrada mucho ver. La llama de un incendio
    Que corra devorando
    Y muertos apilando
    Quisiera yo encender;
    Tostarse allí un anciano,
    Volverse todo tea,
    Y oír como chirrea
    ¡Qué gusto!, ¡qué placer!
    Me gusta una campiña
    De nieve tapizada,
    De flores despojada,
    Sin fruto, sin verdor,
    Ni pájaros que canten,
    Ni sol haya que alumbre
    Y sólo se vislumbre
    La muerte en derredor. Allá, en sombrío monte,
    Solar desmantelado,
    Me place en sumo grado
    La luna al reflejar,
    Moverse las veletas
    Con áspero chirrido
    Igual al alarido
    Que anuncia el expirar. Me gusta que al averno
    Lleven a los mortales
    Y allí todos los males
    Les hagan padecer;
    Les abran las entrañas,
    Les rasguen los tendones,
    Rompan los corazones
    Sin de ayer caso hacer. Insólita avenida
    Que inunda fértil vega,
    De cumbre en cumbre llega,
    Y arrasa por doquier;
    Se lleva los ganados
    Y las vides sin pausa,
    Y estragos miles causa,
    ¡Qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas,
    El juego, las botellas,
    En torno de las bellas
    Alegres apurar;
    Y en sus lascivas bocas,
    Con voluptuoso halago,
    Un beso a cada trago
    Alegres estampar.
    Romper después las copas,
    Los platos, las barajas,
    Y abiertas las navajas,
    Buscando el corazón;
    Oír luego los brindis
    Mezclados con quejidos
    Que lanzan los heridos
    En llanto y confusión. Me alegra oír al uno
    Pedir a voces vino,
    Mientras que su vecino
    Se cae en un rincón;
    Y que otros ya borrachos,
    En trino desusado,
    Cantan al dios vendado
    Impúdica canción. Me agradan las queridas
    Tendidas en los lechos,
    Sin chales en los pechos
    Y flojo el cinturón,
    Mostrando sus encantos,
    Sin orden el cabello,
    Al aire el muslo bello
    ¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!
    6 min
  • POEMA XX PABLO NERUDA
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Escribir, por ejemplo: "La noche esta estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
    El viento de la noche gira en el cielo y canta.
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
    Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.
    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.
    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
    La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
    Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
    mi alma no se contenta con haberla perdido.
    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
    Poema: Pablo Neruda
    3 min
  • CORAZON CORAZA MARIO BENEDETTI
    Porque te tengo y no
    porque te pienso
    porque la noche está de ojos abiertos
    porque la noche pasa y digo amor
    porque has venido a recoger tu imagen
    y eres mejor que todas tus imágenes
    porque eres linda desde el pie hasta el alma
    porque eres buena desde el alma a mí
    porque te escondes dulce en el orgullo
    pequeña y dulce
    corazón coraza
    porque eres mía
    porque no eres mía
    porque te miro y muero
    y peor que muero
    si no te miro amor
    si no te miro
    porque tú siempre existes dondequiera
    pero existes mejor donde te quiero
    porque tu boca es sangre
    y tienes frío
    tengo que amarte amor
    tengo que amarte
    aunque esta herida duela como dos
    aunque te busque y no te encuentre
    y aunque
    la noche pase y yo te tenga
    y no.
    4 min
  • POEMA 20 PABLO NERUDA
    PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.
    Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
    El viento de la noche gira en el cielo y canta.
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
    Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.
    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.
    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
    La misma noche que hace blanquear los mismos
    árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
    Porque en noches como ésta la tuve entre mis
    brazos,
    mi alma no se contenta con haberla perdido.
    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
    4 min
  • LA CANCIÓN DEL PIRATA JOSE DE ESPRONCEDA
    Con diez cañones por banda,
    viento en popa a toda vela,
    no corta el mar, sino vuela,
    un velero bergantín;
    bajel pirata que llaman
    por su bravura el Temido
    en todo el mar conocido
    del uno al otro confín.
    La luna en el mar riela,
    en la lona gime el viento
    y alza en blando movimiento
    olas de plata y azul;
    y ve el capitán pirata,
    cantando alegre en la popa,
    Asia a un lado, al otro Europa,
    Y allá a su frente Estambul:
    -Navega, velero mío,
    sin temor
    que ni enemigo navío,
    ni tormenta, ni bonanza
    tu rumbo a torcer alcanza,
    ni a sujetar tu valor.
    Veinte presas
    hemos hecho
    a despecho
    del inglés
    y han rendido
    sus pendones
    cien naciones
    a mis pies.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    Allá muevan feroz guerra
    ciegos reyes
    por un palmo más de tierra,
    que yo tengo aquí por mío
    cuanto abarca el mar bravío
    a quien nadie impuso leyes.
    Y no hay playa
    sea cualquiera,
    ni bandera
    de esplendor,
    que no sienta
    mi derecho
    y dé pecho
    a mi valor
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    A la voz de ¡barco viene!,
    es de ver
    cómo vira y se previene
    a todo trapo a escapar:
    que yo soy el rey del mar
    y mi furia es de temer.
    En las presas
    yo divido
    lo cogido
    por igual:
    sólo quiero
    por riqueza
    la belleza
    sin rival.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    ¡Sentenciado estoy a muerte!
    Yo me río:
    no me abandone la suerte,
    y al mismo que me condena
    colgaré de alguna antena
    quizá en su propio navío.
    Y si caigo,
    ¿qué es la vida?
    Por perdida
    ya la di
    cuando el yugo
    del esclavo
    como un bravo sacudí.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    Son mi música mejor
    aquilones,
    el estrépito y temblor
    de los cables sacudidos
    del negro mar los bramidos
    y el rugir de mis cañones.
    Y del trueno
    al son violento,
    y del viento,
    al rebramar,
    yo me duermo
    sosegado,
    arrullado
    por el mar.
    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi Dios la libertad;
    mi ley, la fuerza y el viento;
    mi única patria, la mar.
    4 min

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