LA PREGUNTA DEL MILLÓN DE DÓLARES ¿HAY VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE?
¿Hay vida después de la muerte?
El multimillonario Robert Bigelow está dispuesto a pagar un alto precio por conocer la respuesta.
Más allá de la duda razonable.
La recompensa sería de 1 millón de dólares en premios.
Bigelow hace esta propuesta tras la muerte de su esposa Diane Mona
Que falleció a los 72 años por leucemia.
Además, Robert perdió a su padre, a su hijo y también a su nieto.
Y estaría interesado en descubrir si sus seres queridos habitan en otra realidad.
El magnate fundó un instituto para el estudio de la conciencia.
Con el fin de investigar lo que pudiera suceder en el más allá.
Los que estén interesados en participar, tendrán que inscribirse antes del 28 de febrero.
Aquellos que presenten sus propuestas a la pregunta de Bigelow, deberán realizar una tesis de 25.000 palabras antes de agosto.
Se anunciará el nombre del ganador el 1 de noviembre.
El primer premio está dotado con 500 mil dólares.
El segundo recibirá 300 mil dólares.
Y el tercero percibirá 150 mil.
El jurado del concurso estará constituido por Christopher Green, un neurocientífico de Detroit.
El médico Brian Weiss, que defiende la teoría de la regresión de vidas pasadas.
Y la periodista Leslie Kean, autora del libro:
Sobrevivir a la muerte.
Bigelow es un conocido magnate inmobiliario y aeroespacial.
Y lleva mucho tiempo fascinado con lo paranormal.
Desde hace bastantes años, ha estado estudiando el fenómeno de los ovnis.
Las personas que aseguran haber vuelto de la muerte coinciden en describir muchos aspectos de su experiencia.
Las experiencias cercanas a la muerte responden a las siglas ECM.
El término se lo debemos al doctor en medicina Raymond Moody.
Autor del best seller: Vida después de la vida.
Hay miles de relatos de personas en todo el mundo a lo largo del tiempo sobre su ECM.
Comienzan con una desconexión de su propio cuerpo.
De pronto, se perciben a sí mismos como flotando.
No sienten dolor y no saben que están muertos.
Aún sienten la presencia de este mundo, como en la distancia.
Suelen hablar de estados especiales de conciencia.
De una sensación de paz interior, de euforia y libertad.
Tras ese instante, pasan a deambular por un espacio desconocido.
Como si fuesen un ente abstracto, incorpóreo.
Algunos mencionan su viaje a través de un túnel.
Donde pasan por paisajes extraños, con figuras místicas y la aparición de personas cercanas.
Algunas, ya fallecidas.
A la salida, aparece una luz intensísima.
Radiante, blanca.
Al fin, relatan que hubo una especie de retrospección panorámica de sus propias vidas.
Coinciden en que parece que la hubieran visto como si fuese una película.
Lo califican de un estado de claridad de mente, casi de extasis.
Es decir, que mantienen la sensación de identidad.
Saben quiénes son y han sido.
Sus relatos suelen ser similares, lo que cambia es la interpretación posterior.
Justo, donde influyen los inevitables componentes culturales.
Los creyentes hablan de una conexión con dios.
Los ateos, de una energía sin precedentes.
Y los niños, de ángeles.
Pim van Lommel es un cardiólogo holandés interesado en estas ECM.
Lleva años, escuchando las historias de pacientes que sobreviviveron a un infarto de miocardio.
Lommel publicó las experiencias de 300 de ellos en la revista científica The Lancet.
Él extrae las siguientes conclusiones.
Que el miedo no está asociado a las ECM.
Y las creencias previas tampoco influyen en estas.
Sin embargo, otros científicos opinan que este estado es el resultado de una falta de oxígeno en el cerebro.
Además, todavía no está claramente definida la muerte.
Solo se ha podido medir que, cuando llega la hora, no existe actividad eléctrica de suficiente intensidad como para ser registrada en un electro encefalograma.
Parece ser que durante las ECM todavía hay algo de actividad encefálica.
Sería mínima y no detectable.
Ante la falta de oxígeno, disminuye la actividad sensorial.
Se pierde la conexión con los estímulos externos.
Y son reemplazados por imágenes creadas por la propia mente.
Es una sensación de aislamiento.
Por eso se relaciona con la eternidad.
En cambio, no todos los relatos responden al mismo patrón.
Otros pacientes dicen haber experimentado fases de terror, angustia y soledad.
Lo cierto es que hay estudios recientes que han podido provocar resultados parecidos en sus participantes.
En concreto, estimulando eléctricamente una parte del corteza cerebral, el giro angular.
Los pacientes con epilepsia extática experimentan sensaciones muy similares a los raptos trascendentes.
Pasan de un breve instante de bienestar a perder la conciencia tras las convulsiones.
Esta enfermedad podría explicar los raptos religiosos de personajes históricos como Santa Teresa o Juana de Arco.
Como vemos, la mente lucha por mantenerse operativa mientras va perdiendo oxígeno.
Por último, hay casos de deportistas que disfrutan con la apnea mientras bucean.
Alpinistas que se enfrentan a grandes cumbres y también sufren pérdida de oxígeno.
O pilotos de vuelo extremos.
Unos investigadores de Oslo asociaron las ECM con el desvelo nocturno durante la fase de sueño Rem.
Esto implica que el cerebro sigue activo, hay sueños vívidos, alucinaciones visuales y auditivas y parálisis temporal.
Esperemos que los concursantes que se atrevan con el reto de Rober Bigelow nos ayuden a ver la luz al final del túnel.