Alcohólico, locamente enamorado de su mánager y muerto en extrañas circunstancias.
Podríamos estar hablando de cualquier estrella de rock.
Pero no.
Se trata de la vida de Jumbo.
El famoso elefante que inspiró el clásico infantil de Dumbo.
Esta es su trágica historia.
A Jumbo lo capturaron en Abisinia en 1862.
Tuvieron que matar primero a su madre, que lo intentó proteger.
Jumbo significa 'hola' en suajili.
El animal llegó a su primer destino, París, en un estado lamentable.
Pronto lo canjearon con el zoo de Londres a cambio de un rinoceronte.
Llegó a Londres en 1865.
Por entonces, tener un elefante africano tan enorme era una rareza.
Abundaban los asíaticos de menor tamaño, que eran más dóciles.
El director del zoo puso al cuidado del elefante a un trabajador llamado Matthew Scott.
Era un tipo sin experiencia y de caracter solitario.
No dudó en dormir con él en la jaula durante seis meses.
Creándose entre los dos un vínculo emocional que solo separaría la muerte.
A Jumbo le buscaron una pareja, llamada Alice.
Pero él prefería la compañía de su cuidador.
Eran los años en los que se desarrolló la fotografía.
Pronto Jumbo se convirtió en una celebridad.
Todo Londres acudía a visitarlo a Regent's Park.
Le hacían todo tipo de regalos en forma de pasteles.
Durante 15 años, fue una gloria nacional.
Hasta que en 1880 empezaron los problemas.
De día Jumbo era la viva imagen de la amabilidad.
Los niños se paseaban por el zoo subidos en su grupa.
Hasta un joven Winston Churchill probó esa sensación.
De noche, sin embargo, todo era distinto.
Jumbo tenía arrebatos de violencia.
Destrozaba constantemente el almacén en el que dormía.
Scott tenía una manera inadecuada de calmarlo.
Cuando surgían los ataques de ira, no se le ocurrió otra cosa que darle Whisky.
Hoy sabemos que los ataques de furia estaban provocados por la constante ingesta de pasteles.
Le estaban destrozando la dentadura.
El dolor era tal, que el pobre animal enloquecía sin remedio.
Además Jumbo sufría lesiones en las articulaciones por el gran peso que debía cargar paseando grupos de visitantes.
Al final, el director del zoo decidió vendérselo al magnate circense estadounidense P.T. Barnum.
Lo hizo por la fabulosa cifra de 2.000 libras esterlinas.
Unos 200.000 euros de hoy.
La opinión público montó en cólera.
Los británicos lo convirtieron en una ofensa nacional.
A la postre Jumbo llegó a Nueva York.
Barnum lo paseó por Broadway para que los norteamericanos admiraran aquel ejemplar que había conseguido arrebatar al Imperio Británico.
El elefante junto con otros 20 de su especie, cruzaron el puente de Brooklyn.
Lo hicieron para demostrar la fiabilidad de esa gran obra de ingeniería.
Barnum lo anunció en grandes carteles a todo color en los que se leía:
Jumbo, el animal más grande del mundo.
Por supuesto, era todo un montaje comercial.
Jumbo era grande.
Es probable que, de seguir creciendo, hubiera alcanzado los cuatro metros.
No lo consiguió.
El cruel destino se interpuso en su camino.
Era 1885.
El circo había acabado en Saint Thomas, una localidad canadiense.
Los animales ya estaban en sus jaulas, preparados para partir.
Solo faltaba Jumbo y el bebé elefante Tom Thumb.
De repente, apareció una locomotora en dirección al bebé.
Jumbo protegió con su cuerpo de siete toneladas a la cría del impacto del ferrocarril.
Y murió en el acto.
Esa fue la versión oficial.
Lo que se contó.
La realidad no fue así.
Mientras Jumbo subía al tren, una locomotora que venía en sentido contrario se lo llevó por delante.
Le provocó una hemorragia interna que le causaría la muerte.
Tenía 24 años.
No pudo descansar en paz.
Barnum intentó hacer caja del cadáver de Jumbo.
Vendió su esqueleto.
Disecó su cadaver y lo trajo consigo a las giras.
Su historia desató el mito de Jumbo, la superestrella.
La palabra 'Jumbo' pasó a convertirse en sinónimo de grande.
Lo vemos en los restaurantes norteamericanos.
Una hamburguesa jumbo es de un tamaño gigante.
Luego llegó la ficción.
Helen Aberson escribió Dumbo en 1939.
Era un cuento para niños de escasa difusión.
Aún así, en las manos de Walt Disney se convirtió en una película de animación en 1941.
Doris Day protagonizó la película: Jumbo, la sensación del circo en 1962.
Por último, esta semana se estrena la versión de Tim Burton.
La de un animal con un corazón tan grande como su tamaño.
Contento de hacer felices a grandes y pequeños.