Nadie tiene derecho a vendarte los ojos. Ni siquiera tú mismo.
Todos tenemos las huellas de los pies desgastadas de tanto caminar en busca de un lugar mejor. Ya que nadie puede elegir donde nacer.
Tú, por ejemplo, naciste en Europa porque hay una frontera imaginaria que te separa del resto de países.
No obstante, todos somos ciudadanos de un único mundo, no importa dónde te encuentres en este momento.
Así que basta ya de que sigamos sintiéndonos de razas diferentes, todo por argumentos insignificantes como el color, la religión o el lugar de origen.
Nuestro mundo es suficientemente grande como para satisfacer las necesidades de todos pero siempre será demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de unos pocos.
No permitas que el ruido del mundo esté hecho de silencios, por ello:
Si es verdad, no lo digas, grítalo.
Si es justo, no lo pidas, exígelo.
Y si es realmente necesario, no lo pienses, hazlo.
Nos vendaron los ojos pero olvidaron atarnos las manos.
Arráncate la venda, aún puedes.