Mientras pasan los platos gritando el abismo
y rebota en el hule aburrida la luz,
sobre animalitos flotando en salmuera
dudan unas manos teñidas de azul:
la reina pregunta: "¿dónde está mi casa?",
el rey le responde: "¿qué haces así?
¡ponte las bragas! ¡caga en la taza!
(es un tormento ocuparse de tí)".
Surcaron mi cara
surcaron mi cara
en el claustro del sueño
interminables bofetadas
dadas por los dueños
de mi vida
y mi destino
(que me interroga
desde el subsuelo:
"¿nacerá algún día
aquel niño
de la raíz de mi cuerpo?")
Y el alfil agita vibrante una pena
sin que lo noten los reyes en medio del ring,
busca todavía, con alguna esperanza,
ese abrazo imposible que lo calme al fín:
"Ven, hermano, estamos
ambos en el suelo,
hurgando en la basura
y perdiendo los dos el resuello
cuyo calor alimenta el estrecho sendero
de nuestras vidas atadas
a un mismo destino impuesto".
Pero, calla y mira: que aquí llega el perro,
enloquecido vampiro, de su cónclave hermético.
Aprieta en su puño un regalo secreto
que alimenta el motor de este cónclave histérico
Dame la prueba, hermano, si es que fuiste al Poliedro
y abre tu palma pálida con su regalito en medio
y muéstrale a nuestra reina cómo se activa el infierno
y dános algo que demuestre que no nos estás mintiendo.
"Ven, hermano, estamos los dos en el suelo,
hurgando en la basura
y perdiendo los dos el resuello
cuyo calor alimenta el estrecho sendero
de nuestras vidas atadas a un mismo destino impuesto"...
peor que el olvido y la muerte
y que rasga la puerta última cerrada
con un sonido que hace correr a los niños
y gritar en el límite a los sapos.
Surcaron mi cara
Surcaron mi cara en el claustro del sueño
interminables bofetadas
dadas por los dueños
de mi vida y mi destino que me interroga
desde el subsuelo:
si nacerá algún día aquel niño
de la raíz de mi cuerpo.