Muchas religiones antiguas han comparado o asimilado a la Divinidad en su aspecto masculino con el Sol o con el Fuego. Sirva como ejemplos, el culto solar de la India antigua, las ancestrales cosmogonías de los Pieles Rojas en América del Norte y los pueblos originales de Sur América, el culto persa de Zarathustra, las Escuelas de Misterios Egipcias con su culto a Athón y Amón-Ra o la asimilación de Dios con la Luz, en el Cristianismo.
Así, el Fuego mismo, el elemento ígneo, se ha asociado con el aspecto Espíritu. La cualidad Luz del fuego ha representado el aspecto Sabiduría y por su parte, el Calor, ha sido asociado al origen de la actividad o el movimiento.
La simbología andina que tiene al Sol como uno de los ejes de su mitología, no está al margen de las expresiones enumeradas anteriormente.
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3.04.17