Hay una gran diferencia entre curar y sanar. Según el autor de “La enfermedad como camino”, la enfermedad es la sombra que no se ha podido traer a la luz. Solo si podemos ver nuestras propias sombras podremos sanarnos. Ahora veamos la diferencia entre sanar y curar. Nos curamos de afuera para adentro, nos curamos con el remedio que nos receta el médico. Pero además tengo que poder sanar esa enfermedad. Para ello tengo que hacer un trabajo interior porque la sanación viene de adentro hacia afuera. Es decir que el proceso es de dos vías una hacia adentro para curarme y una hacia afuera para sanarme, esta última la tratamos con técnicas espirituales (Reiki, Cristales, Meditación, entre otros). Vamos al médico para curar el cuerpo y luego exploramos técnicas espirituales para sanar nuestro cuerpo físico, emocional, mental y espiritual. Recién cuando sanamos en los otros cuerpo la afección que se ha manifestado en el cuerpo físico es realmente curada. Dice Carl Rogers en su libro “El Proceso de Convertirse en Persona” todo ser humano tiene la capacidad de auto-sanarse. Hay una diferencia entre enfermedad y síntoma. El cuerpo nunca está ni enfermo ni sano, pues en él solo se manifiestan las informaciones de la mente. El cuerpo no hace nada por sí mismo, la conciencia emite una información que se manifiesta y se hace visible en el cuerpo. Cuando las distintas funciones corporales se conjugan de un modo determinado, se produce un modelo armonioso que llamamos “salud”. Si alguna de estas funciones se perturba, la armonía del conjunto se rompe y entonces hablamos de enfermedad (pérdida de la armonía/trastorno de un orden equilibrado). Por lo tanto si una persona sufre un desequilibrio en su conciencia, se manifestará en el cuerpo como síntoma, señal que reclama nuestra atención (lo queramos o no), atrayendo energía que nos impide una vida normal. Esta interrupción nos produce molestia y empezamos a luchar contra el síntoma. La lucha exige atención y dedicación porque el síntoma consigue que estemos pendientes de él. Si queremos saber qué nos señala el síntoma, tenemos que apartar nuestra mirada de él y buscar más allá, su aparición interrumpe el ritmo de nuestra vida y nos obliga a estar pendientes de él. Hemos perdido el equilibrio de las fuerzas del alma. Cuando comprendemos la diferencia entre enfermedad y síntoma, tenemos la posibilidad de modificarlo rápidamente. Ya no luchamos tanto contra el síntoma sino que descubrimos en él un aliado que puede ayudarnos a encontrar qué nos falta y así vencer a la enfermedad.
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25.07.17