Existe una inteligencia universal que explica nuestra existencia y el para qué de nuestra manifestación humana. De esta primera proposición se deriva el hecho de que exista una completa identidad entre el ser humano y el cosmos. De ahí que definamos al ser humano como MICROCOSMOS, es decir, universo en miniatura. Y entre este pequeño universo que somos, nuestro planeta y el macrocosmos hay una relación implícita de sincronía.
Cuando esta sincronía se rompe, aparece la enfermedad como una consecuencia del desorden y de la ilusión de separación.
Este deterioro puede surgir por factores internos o externos, pero el verdadero agente curativo esencial es para nosotros la reconexión con el ser espiritual subyacente en nuestro ser.
Por todo ello, para la Rosacruz el remedio supremo es la fuerza espiritual central del ser humano, y la terapia correspondiente sólo es posible cuando el ser humano reconecta con esa Fuente interior, comprende claramente el sentido de su existencia y con una consciencia elevada pone en práctica un comportamiento y una actitud en la vida que restablece la armonía fundamental entre él y el cosmos.
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7.07.17