La habanera Mercedes Trinidad Pérez Hernández, a quien cariñosamente se le conoce como "Mamita" Pérez, es una de las joyas del voleibol cubano de todos los tiempos.
Esta capitalina es una de las legendarias jugadoras que protagonizaron los primeros éxitos notables de las mujeres en el deporte de la malla alta en Cuba a nivel internacional.
Muchos lauros avalan la trayectoria de esta antillana, que es una fuente inagotable de experiencia. Entre sus triunfos sobresalen la medalla de plata en la Copa del Mundo de Japón 1977, el oro en el mundial de Moscú 1978 y haber alcanzado el podio en cinco oportunidades consecutivas en Juegos Panamericanos: bronce en 1967 y títulos en 1971, 1975, 1979 y 1983.
Recuerda con disgusto lo esquivas que fueron las medallas en sus tres incursiones en Juegos Olímpicos, donde estaban entre las favoritas, pero el equipo no lució como se esperaba. Hubo contratiempos externos al conjunto, pero ella no achaca las derrotas a esas dificultades.
"Mamita" Pérez confiesa que su más grato recuerdo es de los Juegos Centroamericanos y del Carine de San Juan, Puerto Rico, en 1966, su primera competición con solo 14 años y ya con puesto de regular en la selección cubana.
Con emoción expresa que esa fue su primera presea de oro y el título que abrió el camino del voleibol femenino cubano.
Además, resalta el alto honor de haber pertenecido a la llamada Delegacion de la Dignidad, que llegó a la justa boricua de 1966 en el barco Cerro Pelado, tras el intento de Estados Unidos de impedir la asistencia de Cuba.
“Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro dijo que de todas formas íbamos en barco o a nado, y así fue, tuvimos problemas en la entrada de San Juan, pero pudimos competir, desfilamos y nos llevamos el primer lugar”, rememoró.
Con sus 1,74 metros de estatura era dueña de una capacidad de salto increíble, que unida a su gran potencia en el ataque la colocaron como jugadora central, una posición que en la actualidad es otorgada a las atletas más altas de los equipos.
"Mamita" formó parte del considerado "trío del terror", en el que figuraban además Mercedes Pomares y Nelly Barnet.
Tras 21 años en el voleibol de máximo nivel, Pérez dijo adiós al deporte activo, pero durante el proceso de desentrenamiento con el profesor Andrés "Panchito" Hevia, en la Ciudad Deportiva, integró un equipo de veteranas con el cual participó en lides en República Dominicana, Islas Caimán y México. "Esos torneos los ganamos después de retiradas", acotó.
Luego de esa etapa Mamita Pérez fue vicepresidenta de la Comisión de Atención a Atletas en La Habana, antes de incorporarse al combinado deportivo Pablo de la Torriente Brau, apodado “La Cancha”, en el municipio Playa. Allí brinda su sabiduría a niños de seis y siete años. "Voy a dar clases hasta que mi cuerpo lo necesite".
Dedicada casi por completo al deporte, esta habanera ha recibido múltiples reconocimientos como las medallas Marcelo Salado y Mártires de Barbados, así como la orden al mérito deportivo.
Para "Mamita" Pérez representa un honor formar parte de los mejores 100 atletas del siglo XX en Cuba y que su nombre estuviera entre las nominadas a mejor atleta del mundo en voleibol, privilegio que solo tuvieron 15 candidatas, incluida la cubana Regla Torres, distinguida con ese mérito.
Sacrificio, voluntad, consistencia y disciplina fueron las cualidades que enumeró "Mamita" Pérez como necesarias para el logro de buenos resultados atléticos.
Ella recuerda muy bien las exigencias del profesor Eugenio George y anhela que el voleibol cubano vuelva a estar en el sitial de honor en el que estuvo por varias generaciones.