En una actividad de proyectos comunitarios celebrada en La Habana Vieja sobresalió una compañía en la que enseñan prestidigitación, se convierten en payasos, manejan marionetas y cinco de sus integrantes son niños con síndrome de Down.
Uno de estos pequeños es David Romano, a quienes muchos conocen como el payasito Chuli, experto en la magia, no en la de desaparecer cosas sino en la de infinito amor de convertir el estrés en alegría, las penas en meditaciones de cuánto vale la vida; es espontáneo y siempre va acompañado de su abuela, a quien me presentó con mucho orgullo.