Habían llegado no hacía mucho del sitio de Pueblo Nuevo en Caimito transportadas en ambulancia y estaban en la consulta de Hepatología del hospital William Soler; allí pactamos brevemente el posterior diálogo. Se abrió la puerta y al verme, la niña morena de ojitos rasgados tiraba de la mano de su mamá y ocultaba el rostro a cada intento de mi cámara, lo hacía de juguetona porque así es Marian Menéndez Valdés, quien tiene ahora solo cuatro años de edad, pero sí una emocionante historia de vida con dos innegables protagonistas, su mami y la medicina cubana.