Hay que tomar distancia de esos, que con ojos de turistas foráneos, de bolsillos abultados jamás cercanos a la cultura nacional, también de los críticos ocasionales y acérrimos, a veces con oportunistas razones, que presentan una Habana desdibujada de su espíritu y sus valores, de sus empeños y esa obra restauradora que enriquece el alma y mejora la vida.