Juanmi, nuestro párroco, está preocupado por este tiempo de pandemia, por cómo afecta a nuestros pueblos. No duda que de la emergencia sanitaria saldremos, gracias a la ciencia, pero no tiene tan claro la cura de las heridas del alma que está dejando. Las medidas de protección están aumentando el individualismo al que Juanmi considera como "uno de los grandes males que tiene nuestro mundo. Supone cerrarse en uno mismo, tener miedo al otro, al desconocido, al diferente. Supone egoísmo, destruye la vida de las personas y deja fuera a mucha gente. También a nuestros pueblos que importan menos porque somos menos. Debemos luchar contra eso que se hace hueco en nuestros corazones y levanta muros cada vez más altos. Muros que rechazan al diferente, al que tiene menos recursos, al que no piensa como yo". También hablamos de la parroquia del valle, de las muchas y dolorosas despedidas que este año hemos tenido. De la enorme preocupación que supone ver el calamitoso estado de la iglesia de Santaolalla o de las termitas de la de Arroyo. No faltó la referencia al monasterio de Rioseco como ejemplo de muchas cosas y foco de atracción a las Merindades. Por supuesto, hablamos del trabajo que se sigue haciendo desde Cáritas Merindades donde ochenta voluntarios la han convertido en referencia para toda la provincia. Hacen un trabajo no paternalista, no meramente asistencial sino acompañando y promocionando a las personas. Trabajan con la infancia, acogiendo familias, creando empleo y con la tercera edad. Acaban de poner en marcha un proyecto piloto de acompañamiento a personas mayores del que están muy contentos. Hablar con Juanmi siempre nos anima, siempre nos ayuda a tener ilusión y esperanza en un mundo mejor.