Expira el dulce céfiro, pero la contienda
mueve bóreas, de improviso, a su vecino;
y llora el pastorcillo, porque, intranquilo,
teme a la fiera borrasca, y a su destino.
Roba el reposo a los cansados miembros
el temor de los relámpagos, los fieros truenos
y la furiosa bandada de moscas y mosquitos.
¡Ah! Demasiado ciertos son sus temores;
truena y relampaguea el cielo que, con su pedrisco,
trunca la cabeza de las espigas y de los granos altivos.
Las temperaturas calurosas, además de suponer una amenaza directa para nuestra vida, también causan la pérdida de miles de millones de horas de trabajo, favorecen la propagación de enfermedades infecciosas y merman las cosechas, según un informe reciente publicado en Lancet.
El trabajo describe los últimos hallazgos del Lancet Countdown, una coalición internacional de organizaciones científicas que colaboran con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Meteorológica Mundial. El grupo examina el impacto que el cambio climático supone para la salud y las respuestas de los Gobiernos.