Hoy en el programa hemos hablado del sentimiento que se oculta tras la música, de la relación entre maestros y alumnos, de los ritos y las costumbres, de los recuerdos de la infancia.
De todo eso hemos hablado, que no es otra cosa que lo que nos hace felices. Porque es importantísimo percatarse de todo ello. Se es feliz de pronto, por instantes y plenamente, en destellos, nunca eternamente.
La felicidad, como la belleza, se mide por milímetros, por milésimas de segundo, no por espacios sobrecogedores, ni por toneladas, ni en lo eterno o lo sublime. La felicidad se da en miligramos. Mínimamente. Un instante. El sonido musical del vuelo de un abejorro, por ejemplo.
Música de Sainte Colombe, ,Lully y Marin Marais, con poemas de Andrés Trapiello, como éste.
ABRÍ al llegar las ventanas y balcones,
cerrados en invierno,
para que entrara el aire
y empezaran los muros de la casa
a secarse, y llené a continuación
de agua del pozo una tinaja roja
Que se labró hace un a tinaja roja
que se labró hace un siglo con la arcilla
de una aldea cercana.
Después de estos trabajos
más o menos serviles,
junté en la chimenea grandes troncos
de encina que al momento como un himno
masónico cantaron: “Sólo junto ardemos”.
Si alguien me preguntara a qué me he dedicado estas últimas horas,
le diría que a la filosofía,
al fuego, al aire, al agua y a la tierra,
todo lo que es real y da sentido
a esta vida labrada entre papeles.
LA VIDA EN LAS VIÑAS, del libro: Y