En el siglo XVIII la Comarca de las Merindades hace lo que puede para que el trazado de la nueva carretera de Burgos a Bilbao discurra por Valdivielso y Villarcayo. No puede ser, se eligió la opción de Orduña. A principios del siglo siguiente surge una nueva oportunidad cuando se propone abrir un nuevo camino carretero de Burgos a Bercedo. En 1829 se hará realidad. En la nueva vía hay tramos destacables, los puertos de la Mazorra y Bocos (este no estaba en el proyecto original) y los puentes de Bocos y Valdenoceda. Al nuestro se le conocía ya como Puente del Aire, posiblemente por la dificultad que entrañaba el cruzar la zona los días ventosos. De la Peña del Aire queda un retazo, pero fueron muchas las carretas que mandó al Ebro. Así que el nombre lo tenía más que justificado.
Otra cosa era en El Valle, que obviamente se distinguían los dos Puentes como el de Puentearenas y el nuevo, en contraposición.
En cualquier caso, el Puente del Aire o el Nuevo, que de las dos formas lo llamo, es un bello ejemplo de arquitectura funcional. Salva el Ebro en el tramo más estrecho con un solo ojo en arco de medio punto que arranca casi de la base de la estructura, e integra perfectamente los estribos en las orillas de manera que no parece un Puente "pegado" sino un elemento más del paisaje. Adornado en las cuatro esquinas y dotado de bancos para el descanso en los apartaderos se embellece la obra y se le da una importancia como sin duda fue el esfuerzo de su construcción.